El ex ministro de Economía durante la segunda presidencia de Carlos Menem advirtió sobre las consecuencias de la falta de seguridad jurídica
En una entrevista exclusiva con infobaeprofesional.com, el economista Roque Fernández, se refirió a las fortalezas y debilidades del actual modelo productivo, totalmente opuesto al que llevó adelante durante la década del ´90 como ministro de Economía en la segunda presidencia de Carlos Menem.
Además, el ex presidente del Banco Central se mostró preocupado por la salida de empresarios extranjeros y encendió la luz de alarma respecto a la inversión.
-¿Cuáles son las mayores fortalezas y debilidades de este modelo económico?-La fortaleza hasta fines del año pasado parecía ser la parte fiscal pero en el trascurso del año se empezó a dudar no sólo del INDEC sino también de la estadística oficial respecto a la recaudación y el gasto. Aparentemente, por las medidas que se han estado tomando últimamente muy de naturaleza fiscalista como las retenciones móviles,
se estaría indicando que los números que dan no son tan sólidos. Las debilidades son muchas.
Primero porque
la recaudación es muy vulnerable a los precios internacionales y ha funcionado gracias al viento de cola de los altos precios de los productos agropecuarios y de la energía. Al haberse basado en impuestos que son distorsivos, han sostenido un gasto que frente a cualquier volatibilidad externa con el país.
Esto lleva a la segunda debilidad que es
la nula participación en el mercado de capitales. No tenemos acceso porque se manejó muy mal todo lo que es la renegociación externa. Esto significó que la Argentina quedó aislada y solamente puede colocar bonos si los subscribe Chavez o si lo hace de forma semicompulsiva en las AFJP.
Son debilidades importantes a la que después se suma un proceso de inflación sostenido a través del tiempo y sin un diagnóstico claro. Algo vetusto y probado en la historia que no da resultado es pensar que los precios suben por acción de los comerciantes y tratar de reprimir ese aumento de los precios, prescindiendo de un análisis de fondo que tiene que ver con el gasto público y la emisión monetaria que se ha generado para sostener un tipo de cambio alto.
-¿Es necesaria una apreciación del tipo de cambio?-Probablemente, en este momento habría que trabajar con una política de reducción de gasto,
no iría directamente a tocar el tipo de cambio a pesar de que considero que durante todo este tiempo el peso ha estado depreciado en términos reales, muy por arriba de lo que hubiera sido un equilibrio razonable.
Hoy no veo que estemos tan lejos del equilibrio porque si se hace un cómputo del tipo real de cambio, estamos igual que en la convertibilidad.
Si uno toma en cuenta la evolución de los precios, no los reprimidos en el INDEC, sino los que no han sufrido la presión oficial, el tipo de cambio esta dando aproximadamente lo que es un tipo de cambio a largo plazo.
Evidentemente, si uno no controla la evolución del gasto público la presión sobre el nivel de precios va a continuar y
va a inducir a una apreciación del peso pero no como consecuencia de fundamentos de largo plazo sino por suma de distorsiones internas.
-¿Cómo se controla la inflación?-En principio, lo primero que habría que hacer es eliminar toda la parte artificial del recorte de precios y dejar que reflejen la realidad de los mercados.
Después habría que darle flexibilidad al tipo de cambio y que el Banco Central no intervenga tanto.
La virtud de este sistema es que el Estado no interviene y de alguna manera, el comercio internacional y los movimientos de capital determinan el nivel. Eso no quiere decir que en situaciones extremas el Banco Central no pueda intervenir pero hay que dejar una banda de flotación lo suficientemente amplia como para que la Argentina se integre al movimiento internacional.
Como resultado final, pero como condición necesaria, tiene que haber un programa fiscal sostenible de largo plazo que tiene que incluir proyecciones de ingresos y un presupuesto plurianual que se debata y eso va a permitir formar expectativas de largo plazo. Actualmente con presupuestos que no son correctos, con información que no es buena, esta todo en base a lo que los analistas conjeturan acerca de la realidad argentina.
Si uno hace un presupuesto plurianual y esta claro el financiamiento en dos o tres años, la inflación debe ser cero.
-¿Cuánto estima que va a ser la inflación para este año?-El promedio ponderado de los índices de precios de las provincias que no respetan el control de precios da entre 25 y 30 por ciento. Es una canasta amplia y está hecho por gente que lleva la misma metodología todo el tiempo. Hay estimaciones privadas que dan algo similar, incluso hay algunas que dan hasta 40 por ciento.
-¿Cómo afectaría a este proceso, la suba de tarifas y de salarios?-En algún momento,
cuando se sinceren las tarifas, van a traer un aceleramiento inflacionario. Los salarios no tanto porque son un precio más de los que están subiendo, acompañando el Indice General de Precios, pero no por arriba.
Cada sector económico va a encontrar un nivel de equilibrio en la negociación para que la industria no deje de ser competitiva.
-¿La tasa de crecimiento se moderará este año?
-El crecimiento del Producto Bruto está sobreestimado por la represión de los índices de precios. Cualquiera sea la verdad, no se si el crecimiento será del 8 como dicen o el 6 por ciento, por la aceleración de la inflación y los movimientos internacionales, va a estar bajando uno o dos puntos por lo menos.
El economista se mostró en contra de una redistribución de recursos arbitraria por parte del Gobierno y explicó que el crecimiento a largo plazo tiene otros pilares.
-Hace unas semanas trascendió que el Gobierno tendría en carpeta un posible uso de reservas del Banco Central para mejorar la redistribución de la riqueza. ¿Cómo ve esa medida?
-Desde el 2001 se eliminó la independencia del Banco Central y el Gobierno puede disponer libremente, pero no sería recomendable.
La actividad económica y el crecimiento a largo plazo tiene que ver mucho más con la seguridad jurídica y las perspectivas de largo plazo del país, que determinan el proceso de inversión y el volumen futuro de producción, que los estímulos artificiales que pueda dar el Gobierno con subsidios o con trasferencias de recursos de un sector a otro. Eso no es sostenible en el tiempo porque el mismo empresario que ve que enfrenta una demanda artificialmente sustentada por una transferencia del Estado no va a hacer grandes inversiones, va a aprovechar la oportunidad, va a captar todos los recursos fiscales y va a tratar de proveer lo menos posible para cubrirse en el futuro.
Son paliativos de corto plazo que lo único que logran es una transferencia más para el capitalismo de amigos, no va a producir incrementos en el stock de bienes de capital para el largo plazo.
-¿Cómo se logra una mayor inversión?
-Primero que nada se necesita seguridad jurídica. No se puede fijar arbitrariamente desde la secretaría de Comercio los precios y pensar que hay empresarios cautivos que van a producir a esos precios. A este ritmo nos vamos a quedar sin producción de carne, trigo y de la agroindustria porque si está todo artificialmente determinado por un funcionario no hay seguridad jurídica para la inversión.
Si otra parte de la economía argentina esta comandada con la expectativa de que van a recibir subsidios del Estado tampoco el empresario va a invertir ahí porque sabe que en cualquier momento se corta y si otra parte de la economía piensa que la va a salvar un tipo de cambio más alto, pensando que con un dibujo nominal del tipo de cambio van a ser más competitivos, de nuevo se están equivocando. Esas son todas recetas para el fracaso en el largo plazo.
-¿Cómo ve la entrada del grupo Petersen a YPF y la posible entrada de un socio local a Aerolíneas?
-No me parece mal que cualquier empresario argentino invierta en cualquiera de estas empresas y me parece razonable. Me preocupa mucho más porque los extranjeros no quieren seguir participando y están dispuestos a deshacer sus posiciones en la Argentina.
Mariana Shaalo
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